Burkina Faso solía ser un lugar donde cristianos y musulmanes vivían en relativa paz, pero esa realidad se ha roto en pedazos. Para el Pastor John (seudónimo), la pesadilla comenzó de a poco: primero fueron hombres armados pasando por su casa, luego lo llevaron a una mezquita para obligarlo a convertirse, ordenándole dejarse la barba y cambiar su forma de vestir.
Él se negó a renunciar a Jesús, pero el costo fue inimaginable.
El día que el cielo se oscureció
Durante un ataque masivo de yihadistas a su comunidad, el Pastor John no pudo llegar a tiempo para proteger a los suyos; estaba visitando a un enfermo y la familia anfitriona lo retuvo para salvarle la vida. Al regresar, el panorama era desolador: 113 personas habían sido asesinadas.
El momento más doloroso llegó cuando intentaba identificar a las víctimas para que sus familiares no corrieran peligro al buscarlos. Entre los cuerpos, vio una ropa que conocía demasiado bien. "Era de mi hijo. Él también fue asesinado", relata con un dolor que atraviesa el alma.
"Lloraba mientras oraba"
John confiesa que quedó destrozado. "No podía orar, porque cuando oraba, lloraba. Pero cuando lloraba, oraba con lágrimas", cuenta. Perdió las fuerzas y la esperanza de un futuro en paz. Se convirtió en un "pastor invisible", escondiéndose para sobrevivir pero saliendo en secreto para liderar no solo su iglesia, sino otras cinco que habían quedado sin pastor porque sus líderes huyeron.
Un final de resurrección
Lo increíble de esta historia no es la tragedia, sino la respuesta. Gracias al acompañamiento postraumático de ministerios como Puertas Abiertas, el Pastor John ha vuelto a ponerse de pie.
Su conclusión es un grito de victoria en medio del luto: "Es verdad que perdí a mi pueblo, pero ahora tengo suficiente valentía para dejar eso atrás y seguir adelante en la obra de Dios". Hoy, sigue sirviendo en la zona cero de la persecución, demostrando que pueden quemar los templos, pero no pueden apagar a la Iglesia.