La Iglesia en Nigeria vuelve a vestirse de luto e incertidumbre tras un nuevo ataque directo contra la libertad de culto. En un incidente que ha conmocionado a la comunidad cristiana local, un grupo de hombres armados irrumpió violentamente en la Iglesia Querubines y Serafines en la localidad de Ejiba (estado de Kogi) justo mientras se celebraba el servicio dominical.
Según testigos que lograron escapar entre la maleza, el ataque ocurrió poco después de iniciar la adoración. Los agresores rodearon el pequeño templo, sembrando el pánico entre los asistentes. En medio del caos, secuestraron al líder de la congregación, conocido como el Pastor Orlando, junto a su esposa y un número aún no confirmado de miembros de la iglesia.
El patrón de la persecución Este lamentable suceso no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia cruel que busca amedrentar a los creyentes en sus momentos más sagrados. Organizaciones de vigilancia como International Christian Concern (ICC) advierten que los secuestros en lugares de culto se han disparado, especialmente en zonas rurales donde la seguridad es escasa. Los atacantes suelen elegir los horarios de oración, sabiendo que encontrarán a las familias reunidas y vulnerables.
Las cifras son alarmantes: reportes indican que más de 4,000 cristianos fueron secuestrados en Nigeria tan solo el año pasado. A pesar de las promesas gubernamentales de mayor seguridad, comunidades en estados como Kaduna, Benue y ahora Kogi, siguen sintiéndose desprotegidas ante la furia de grupos extremistas y bandidos.
Un llamado al clamor global Mientras las autoridades locales confirman los hechos y se espera un rescate, el Cuerpo de Cristo tiene un deber inmediato: interceder.
El sacerdote George Dogo, quien también ha sufrido la violencia en su parroquia, describe la situación como insoportable: "Hay gente sin comida, sin casa y sin nada". Hoy, esas familias dependen de nuestra solidaridad espiritual.
Oremos para que Dios proteja la vida del Pastor Orlando, su esposa y los demás secuestrados, y que, como en los tiempos de la iglesia primitiva, las cadenas se rompan mediante la oración de los justos.