Si tomas un mototaxi en las ajetreadas calles de Perú, esperas ruido, tráfico y llegar rápido a tu destino. Lo que no esperas es que el conductor te hable de cómo Dios lo sacó de la muerte.
Esta es la historia de un hombre (llamémosle por su oficio, el "hermano mototaxista") que tocó fondo. Su vida estaba consumida por el vicio, perdida en los callejones oscuros de la adicción donde muchos entran y pocos salen.
El milagro del cambio
Pero Dios, que es experto en reciclar vidas que la sociedad da por perdidas, lo alcanzó. Su transformación fue tan radical que no pudo quedarse callado. Necesitaba trabajar, sí, pero también necesitaba predicar. Así que decidió unir ambas cosas.
Un púlpito de tres ruedas
Su mototaxi dejó de ser solo un vehículo para convertirse en una sala de emergencias espirituales. La estrategia es sencilla pero poderosa: mientras conduce, comparte su testimonio. A veces pone música cristiana, a veces simplemente lanza la pregunta: "¿Sabía usted que Dios le ama?".
Testigos cuentan que la gente sube al vehículo agobiada por problemas y baja llorando, tocada por la esperanza de ver a un hombre que, estando destruido, ahora sonríe con libertad.
Evangelismo real
Este caso nos enseña una lección gigante a todos los que a veces ponemos excusas para no hablar de Dios. No se necesita un altar de mármol, luces neón o un micrófono caro. A veces, solo se necesita un motor de tres ruedas, un corazón agradecido y la valentía de decir: "Si Dios lo hizo conmigo, lo puede hacer contigo".