Es una de esas noticias que uno quisiera que fuera mentira. Beau y Jackie Shroyer eran una pareja de misioneros estadounidenses que lo dejaron todo para servir a Dios en Angola. Tenían cinco hijos y el respaldo de su iglesia en Minnesota. En octubre de 2024, la tragedia golpeó: Beau fue encontrado muerto, apuñalado en su vehículo en una zona apartada.
Al principio, todo apuntaba a la violencia de un lugar peligroso. Se pensó en un robo que salió mal. La comunidad cristiana lloró a un mártir. Pero la policía angoleña empezó a atar cabos y la historia dio un giro que hiela la sangre.
La traición desde adentro
Esta semana, un tribunal en Angola dictó sentencia: Jackie Shroyer, la esposa de Beau, fue condenada a 24 años de prisión.
La investigación destapó que no hubo tal robo. Según las autoridades, Jackie orquestó un plan para matar a su esposo. ¿El motivo aparente? Mantenía una relación sentimental con Bernardino Elias, un joven guardia de seguridad de 24 años que trabajaba para la familia.
El plan fue macabro: Jackie pagó unos 9.500 dólares a tres hombres (incluido el guardia) para que ejecutaran el crimen y lo hicieran parecer un asalto en un lugar donde Beau solía darle lecciones de manejo a ella.
El dolor que queda
El pastor de su iglesia en EE.UU., Troy Easton, tuvo la difícil tarea de confirmar la noticia a su congregación. "Aunque estoy agradecido por la claridad que trae el veredicto, estoy profundamente dolido", dijo, reflejando el sentir de muchos.
Jackie no solo pasará más de dos décadas en una prisión africana; deja atrás a cinco niños que ahora enfrentan la vida sin padre y con su madre tras las rejas por el asesinato de él.
Una reflexión necesaria
Este caso nos golpea fuerte porque nos recuerda que el pecado y la oscuridad no respetan títulos, ni llamados, ni ubicaciones geográficas. Incluso en el campo misionero, el corazón humano es frágil. Hoy, más que juzgar, la iglesia está llamada a orar por esos cinco niños que son las víctimas silenciosas de esta tragedia.