Imagina la tensión en la sala. Después de meses de espera, dolor y testimonios desgarradores, la Corte de la Iglesia Anglicana en Norteamérica (ACNA) finalmente rompió el silencio sobre uno de sus casos más dolorosos: el juicio al Obispo Stewart Ruch III.
¿De qué se le acusaba?
Para entender el peso de esto, hay que rebobinar. Al Obispo Ruch se le acusaba de no haber actuado correctamente cuando salieron a la luz denuncias terribles de abuso sexual contra un ministro de su diócesis. La pregunta central del juicio no era si hubo abuso (eso ya se sabía), sino si el Obispo encubrió o actuó con negligencia criminal al no detenerlo a tiempo.
El veredicto: Un "Sí, pero no"
Aquí es donde la cosa se pone compleja y donde muchos se sienten confundidos. El tribunal declaró al Obispo "no culpable".
¿Por qué? Los jueces explicaron que, efectivamente, el Obispo cometió "errores de juicio" y "fallos administrativos". Admitieron que las cosas se hicieron mal. Pero —y este es el gran "pero"— determinaron que la fiscalía no pudo probar que él tuviera malas intenciones (malicia) o que quisiera engañar deliberadamente.
En términos sencillos: El tribunal dijo que se equivocó, sí, pero que equivocarse no es un delito eclesiástico que merezca condena bajo sus leyes actuales.
El dolor de las víctimas
Como podrás imaginar, esta explicación técnica no ha consolado a quienes sufrieron los abusos. El grupo de defensa de las víctimas, ACNAtoo, reaccionó con devastación. Su mensaje fue contundente: sienten que el sistema está diseñado para proteger a la institución y a sus líderes, dejando a las ovejas vulnerables a su suerte. "Nos rompe el corazón", dijeron, al ver que un fallo catastrófico de liderazgo no tiene consecuencias reales.
¿Qué sigue ahora?
Aunque fue declarado "no culpable" en este juicio, el Obispo Ruch no regresa al púlpito mañana. Sigue bajo licencia administrativa porque todavía hay otras investigaciones pendientes sobre presunto abuso de poder espiritual.
Este caso nos deja una pregunta difícil sobre la mesa para toda la iglesia global: ¿Dónde trazamos la línea entre un "error de liderazgo" y una negligencia que daña vidas?